lunes, 29 de junio de 2009

Las 4.300 víctimas del 'Carnicerito' de Málaga.


Un listado con más de 4.300 nombres y apellidos de fusilados, perfectamente documentados tras un rastreo en varios archivos, es el horizonte de la fosa común del camposanto de San Rafael, la mayor exhumada desde la II Guerra Mundial. Han sacado ya 2.700 cadáveres, asesinados por los franquistas que ocuparon Málaga en febrero de 1937 y podrían llegar a 3.000 en breve. Sin embargo, encaran la recta final de los trabajos. El georradar les deja pocas opciones más donde buscar y dudan de si 1.500 cuerpos fueron trasladados al Valle de los Caídos, monumento levantado por presos del franquismo, poco antes de su inauguración, en 1958.
Francisco Espinosa, fundador de la asociación Contra el Silencio y el Olvido, ha encontrado una factura de unas 40.000 pesetas de entonces de la funeraria Jesús del Gran Poder, en la que se detalla la construcción de 800 ataúdes, unos individuales y otros en los que cabrían hasta 15 personas, así se llegaría a la cifra de 1.500 personas. Sin embargo, tras preguntar en el Valle de los Caídos, se les comunica que sólo hay documentado el traslado de una veintena de cadáveres. Espinosa duda de si los ataúdes eran para los represaliados de San Rafael o para otros de la vecina localidad de Ronda.
"En Málaga hubo un genocidio", dice José Galisteo, uno de los fundadores de la asociación y veterano sindicalista en CCOO. La represión en Málaga se desató en febrero de 1937 y la protagonizó como fiscal el que luego anunciara en televisión con gesto compungido la muerte del dictador, el entonces presidente del Gobierno Carlos Arias Navarro. Su mano dura alcanzó gran fama y recibió con justicia el sobrenombre de Carnicerito de Málaga.
Durante la primera semana de la toma de Málaga por las tropas franquistas, del 8 al 14 de febrero de 1937, los nacionales ejecutaron sin juicio previo a 3.500 personas y hasta 1944, otros 16.952 fueron condenados a muerte y fusiladas en Málaga, según un informe del cónsul británico documentado por el historiador Anthony Beevor.

Fuente: Público

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